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| Menores en busca de futuro que sus países de origen no les ofrecen. |
El Cuento de los Menores
Caídos del Cielo.
Erase una vez, un País,
muy pero que muy rico, tan rico, que no
sabían que hacer con tanta riqueza, su mar tenían tantos peces que apenas podía
pescarlos todos, lo mismo le sucedía con el oro, la plata, el hierro, el
fosfato y otros minerales que tenía bajo tierra, bienes del que tenía cubiertas sus
necesidades y además vendía al extranjero el excedente que era la mayor parte
de estos bienes extraídos, con estos bienes, podían tener las arcas del Estado siempre
llenas, que era el dinero de todos los
ciudadanos, pero del que unos pocos y no toda la población disfrutaban de esas numerosas riquezas, y ello sin
contar los olivos, las maderas, los árboles frutales, los ríos, las montañas,
los oasis en el desierto, los camellos, las ovejas y un sin fin de productos
igualmente muy pero que muy abundantes, hasta su clima era igualmente, tan
espléndido, que atraía a muchos turistas extranjeros, que gastaban también abundante moneda extranjera
de otros países del mundo.
Junto a estas riqueza, el
País tenía otra, de la que ignoraba que se trataba de un tesoro aún mayor que
todas esas riquezas anteriores juntas,
entre sus habitantes había más
niños menores de edad que personas adultas, era tantos lo niños que los
gobernantes no sabía que hacer con ellos, porque ignoraba que eran un cofre valioso.
Y no se le ocurrió a ese gobierno otra cosa, que permitirles estuvieran
deambulando por las calles del país a todas horas de día y de noche y estando a
la vista pública como si estuvieran en un enorme escaparate a disposición de
todo aquel que los deseara y se los quisiera llevar consigo a un nuevo hogar
fuera del país, todo ello para quitárselos de encima, pues consideraba que
había un importante excedente de población adolescente, más de la mitad de su
población. Pensaba que iban a ser un problema en el futuro y por eso deseaba
deshacerse de ellos cuanto antes y mientras podía, porque si se hacían adultos
ya no lo podría conseguir.
Visto que no conseguían su
propósito de deshacerse de ellos, los gobernantes cambiaron de estrategia, y mandaron
ordenar que se les condujeran a las fronteras que tenía con otro País, para que
desde estas fronteras terrestres, animar a los chicos adolescentes a superar
los obstáculos terrestres de la frontera y cruzaran a ese otro país vecino,
para que fuera allí donde crecieran, y si podían no volver mejor que mejor para
estos consejeros del reino, los gobernantes muy astutos y egoístas no querían
compartir la riqueza nacional más que con unas pocas personas y no con toda la
población, ese era el motivo por el que se deshacían de casi la mitad de la
población, todo menores de edad.
Estas fronteras, se encontraban
en el Noroeste de África, y estaban bañadas por el mar Mediterráneo, dos ciudades
muy pequeñas y muy pobres, en comparación, con la enorme extensión y riquezas
del país de donde venían esos menores de edad. Estos niños, no entendían para
nada, nada de lo que les decían sus padres y los policías de frontera de su
país, de que intentara coger de la mano a un extraño, para ir de la mano con
ellos, o permitieran que un extraño lo introdujera en el vehículo para ir a un
lugar que jamás habían visto al otro lado de la valla que separaba dos mundo el
conocido por ellos y del que se les hacía abandonar sin una explicación
razonable, y un mundo para ellos totalmente nuevo y que funcionaba muy distinto
al suyo. Así y de este modo, es como se deshizo ese País de la mitad de su
población infantil y adolescente.
Como Llovidos del cielo,
comienzan en estas dos ciudades fronterizas, a aparecer numerosos menores de
edad en edad escolar, a deambular por las calle a todas horas del día y de la
noche, con hambre, sin lavarse, sin rumbo fijo, ni casa, y desconociendo que
tengan la obligación de acudir a una escuela, pues de donde venían la escuela
poco les sonaba, menos aún querían saber de una que hablaba un idioma distinto
al que ellos hablaban.
Ya se encargaran las
autoridades de este nuevo País, en obligarlos a ir al colegio y atenderlos en
sus necesidades básicas, debían pensar sus padres y policías, que les
intentaban explicar, de cómo hacer fortuna en un país extraño, y les forzaron a
entrar y además de aquella forma especial en como lo habían hecho con ellos. Unos
niños reaccionarán favorablemente a la nueva situación, mientras que otros, en
cambio, se rebelaban contra todo y contra todos los adultos que se les
acercaban, no aceptaban sumisión o sometimiento a ninguna autoridad pública, y menos aún la
respetaban.
Los ciudadanos de este nuevo
País, reaccionaban de muchas maneras distintas ante esta nueva realidad en las
calles de estas dos ciudades fronterizas,
unas con asombro, y se preguntaban ¿Qué hacen estos menores que no están en la
escuela? ¿ Han caído del cielo estos niños? Otras, exclamando válgame Dios, ven
aquí niño, has comido, te has lavado, ven conmigo que te doy de comer te lavo y
te visto, ya podrás hacer luego lo que quieras, otras, por el amor de Dios,
devuelvan estos críos a sus madres cuanto antes, aquí no hacen nada y las autoridades
de esas dos ciudades nuevas para los menores haciendo como que hacen algo con los
niños, pero sin hacer nada constructivo y planificado por profesionales especialista en menores empezando con pediatras y psicólogos.
Hasta que un día, un oficial
del ejercito al que le gustaban y quería a los niños, se entero del problema nuevo surgido en la ciudad, y pidió permiso a su superior para poder habilitar
y arreglar unos barracones en desuso, para instruir a unos jóvenes y
adolescentes sin familias, para hacerlos entrar en disciplina, y poder
educarlos y formarlos profesionalmente, petición que sorprendentemente no sólo
fue aceptada, sino que se implico a todo el cuartel en dicha obra. Los niños a los
pocos días dispusieron de un techo, una cama, alimentos, disciplina de ordenar
su cama de respetar las instrucciones y de formarse, siendo las primeras
lecciones educativas la geografía y riquezas de su país de origen, que
aprendieron de memoria y rápidamente, pues el sentirse alimentados y limpios
les hacía confiar plenamente en esas personas que las instruían y educaban, por
primera vez convivían con adultos extraños y no eran maltratados físicamente ni
psicológicamente, como lo habían sido en sus casas de origen, su evolución fue
progresiva, rápida y asumiendo nuevas costumbre de las que carecían al
principio, se podía decir, que empezaban a sentir cierta felicidad unas veces
exteriorizada y compartida y otras veces escondida o retenidas en sus
interiores, pero animados todos como nunca antes lo habían estado.
Así fue, como, esos niños se hicieron mayores de edad,
obtuvieron sus preceptivas documentaciones para poder viajar, aprendiendo
antes, cómo conseguir que la enorme
fortuna y riquezas del país del que eran originarios, se repartiera realmente
entre toda la población y no sólo entre unas pocas personas o familias,
entendieron y asumieron que tenían que plantar cara a esos corruptos
gobernantes que mucho antes los habían expulsado y expulsarlos del país a
ellos, pero sin permitir que se llevaran consigo un céntimo, tal y como habían hecho
con ellos muchos años antes. Y comenzar el reparto de lo que era de todos entre
todos sin distinción.
Colorín colorado, este
cuento se ha acabado.

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